A las 11:52 ninguna hoja estaba firmada, así que el analista fue él mismo al almacén de pruebas. Esta vez la cámara le grababa. A mediodía su nombre salía en todas las pantallas: veinte años. Como testigos, se lo contasteis todo a los federales, incluido el congelador, y los cinco millones y medio volvieron a la trituradora.
Tres años en celdas contiguas, hablando cada noche con un código de golpes. Al salir, alguien os esperaba: Walt. El vigilante que se dormía en cada turno… no dormía. Lo vio todo, y cuando el agente lo apuntó en el registro de noche, decidió no cargar con la culpa.
Walt alquiló el trastero 213, junto al 214 donde estaba precintada la bolsa dos. La cámara vigilaba la puerta, no la pared. Cambió el dinero por papel cortado y esperó tres años. Diez millones: gastados, perdidos, devueltos. Cero. Y entonces vuelve una bolsa: 1.138.000 $ para cada uno.